06 marzo, 2017

Entrevista a Daniel Pérez Morales ("Media hora de silencio")



Dicen que si Daniel en vez de Pérez Morales se apellidase Larsson o Wilson sus novelas serían best sellers mundiales. Sus thrillers, ambientados en Canadá y protagonizados por la pareja de policías Isabelle Lemaire y Noah Page, crean adicción. Cuando abres uno de sus libros uno se olvida de comer, de dormir, de ir al trabajo. Lo único que importa es seguir pasando páginas. Hablamos con él de su último trabajo, “Media hora de silencio”, la tercera entrega de la saga Acer Nigrum. 

—Ha elegido Canadá para situar sus novelas, algo poco habitual en un autor español. ¿Por qué?
Estoy tan habituado a ambientar mis novelas en Canadá que casi me resultaría extraño que no fuera así. Hay varios motivos y no es sencillo determinar cuál tiene más peso. El más personal, porque de niño fui descubriendo esa tierra lejana a través de una familiar que trabajaba allí. Otro es que, a la hora de escribir, me divierte evadirme con la imaginación en lugares alejados de mi entorno. Y, por último, porque es un territorio que, por su mezcla de culturas, de paisajes urbanos y naturaleza, ofrece un escenario inmejorable para contar historias. 

—¿Eso le ha traído ventajas o inconvenientes?
No me paro a pensar demasiado en ello. Puede que no sea lo más práctico a la hora de publicar, pues existe cierta tradición de que cada autor escriba sobre su entorno y me consta que alguna editorial puede ser reacia a publicar obras con protagonistas extranjeros. Son aspectos que no tengo en cuenta. La prioridad es la historia que quiero contar. Ella decide el lugar donde debo localizar una novela, pues trama, personajes y escenario siempre van estrechamente ligados.

—Una de las características de sus obras es la solidez de sus tramas y lo pulido que está su estilo. Se nota que están muy trabajadas.
El resultado de una novela puede ser mejor o peor, gustar más o menos, pero considero que, por respeto al lector, es obligación del escritor ofrecer lo mejor de sí mismo, ya sea talento o trabajo. Creo que la clave está en afrontar la obra desde el punto de vista del lector y anticipar lo que se encontrará en cada página para que el resultado sea lo más satisfactorio posible.

—“Media hora de silencio” es, en mi opinión, su novela más profunda, más oscura.
Debe de ser cierto, porque ya he oído ese comentario con anterioridad. No lo busqué a propósito, creo que esa evolución fue condicionada por la propia historia y por los temas a los que alude, como el fanatismo religioso y sus consecuencias impredecibles, cuestiones que siempre me llamaron mucho la atención. Al documentarme sobre sectas destructivas para escribir la novela, me encontré sucesos reales muy oscuros que, de algún modo, se han reflejado en “Media hora de silencio” y en sus personajes.

—Otra de las características de su estilo es el ritmo que imprime a la trama. Las continuas sorpresas que el lector se encuentra en las páginas de sus novelas.
Hay intencionalidad en dotar a las novelas de ritmo y de sorpresas. En el fondo, el autor se convierte en el guía del lector a través de un viaje, de modo que más vale que lo haga interesante. Cada página debe convertirse en un motivo por el que pasar a la siguiente. Un autor no debe limitarse a escribir, sino también ejercer de lector y de juez corrector de su propia novela. Aunque suena evidente, es un trabajo más complejo de lo que puede parecer.

—En “Media hora de silencio” enfrenta a sus protagonistas a una secta destructiva, lo que los lleva al límite. ¿Cree que Isabelle Lemaire y Noah Page se lo perdonarán?
Me resulta interesante que los protagonistas evolucionen a lo largo de las obras. No son los mismos de una novela a la siguiente, como nos ocurre a las personas reales a lo largo de los años. Es cierto que en esta novela me he atrevido a arrastrarlos a unos límites desconocidos para ellos, pero espero que me lo perdonen. En cierto modo, ellos se lo han buscado. Creo en esa teoría que afirma que los personajes acaban adquiriendo vida propia a lo largo de una novela. El autor traza los escenarios y las situaciones, pero son los protagonistas los que acaban tomando decisiones conforme a su personalidad y quienes, en cierto modo, acaban determinando su propio destino.

—¿Tiene presente al lector cuando escribe o no lo tiene en cuenta?
Lo tengo presente. Entre otros motivos, porque, cuando soy lector, me gusta que el escritor de una obra me tenga también en cuenta a mí. Una novela es escrita para ser leída por alguien que va a invertir su tiempo y su dinero en el trabajo del autor. Eso hay que respetarlo. Y, por otro lado, el lector será el juez último que evaluará el resultado de una obra.

—¿Cuáles diría que son sus preocupaciones temáticas?
Al cabo de varias obras, las tengo bien identificadas, porque asoman de un modo inconsciente cada vez que me siento a escribir. En general, están relacionadas con aquellos aspectos oscuros de la naturaleza humana que me resultan complicados de comprender. Mis novelas son un pretexto para acercarme un poco más a su entendimiento, como la violencia, la crueldad, los fanatismos o los trastornos mentales. Aunque no todo es oscuridad. Necesito explorar también los motivos por los que no debemos perder la esperanza.

—Actualmente el contacto entre el autor y el público es más inmediato gracias a las nuevas tecnologías. ¿Cómo ha sido acogida la novela? ¿Has recibido alguna impresión por parte de los lectores?
Por fortuna, la acogida ha sido muy buena. Es cierto que el contacto entre el autor y el público es muy cercano y eso es muy positivo, porque permite conocer de primera mano la percepción de una novela. Lo más interesante de las impresiones de los lectores es lo distintas que son unas de otras, como si cada uno hubiera leído una novela diferente. En general, he percibido que, debido a lo que les ocurre a los protagonistas en “Media hora de silencio”, los lectores sienten curiosidad por saber qué será de ellos en el futuro. 

—Cuales son sus costumbres, manías o preferencias a la hora de escribir.
No soy especialmente maniático, pero sí muy nocturno. Suelo escribir con pluma en un cuaderno que luego paso a limpio y reviso en ordenador portátil, así puedo llevarme la tarea a cualquier parte. Abordo también mucha tarea de documentación que, en ocasiones, me distrae de la propia escritura y termino investigando solo por curiosidad. Todas las novelas alcanzan una fase en la que, inmerso en la historia, no puedo pensar en otra cosa y se convierten en una especie de obsesión. En ocasiones, pienso que mis novelas avanzan en los atascos o semáforos en rojo.

—¿Cómo ve el panorama del género en nuestro país?
En nuestro país hay mucho talento que no siempre es recompensado con reconocimiento. Sin desmerecer a los autores extranjeros, encuentro que importamos muchas obras, exportamos pocas y creo que los autores españoles compiten en inferioridad de condiciones a consecuencia de las tendencias del mercado. Desconozco las particularidades del mundo editorial como para especular sobre los motivos, pero, en general, creo que es un problema generalizado en nuestro país, que falta cierto impulso en la cultura y, por extensión, en la literatura.

— ¿Le han sugerido que cambie su nombre por otro anglosajón o nórdico para vender más?
Eso no me ha ocurrido hasta ahora, pero nunca se sabe. Confío en no tener que encontrarme en esa tesitura. En cualquier caso, admito que soy un escritor que tiene presente al lector, pero no tanto el volumen de ventas. Me preocupo más por aquellos aspectos sobre los que tengo control, en mi caso, ser honesto y esforzarme por conseguir que cada obra merezca la pena.

—¿Habrá cuarta entrega de la saga?
Eso espero y, de hecho, estoy trabajando en ella. Yo no me he cansado de la saga y, por lo que parece, los lectores tampoco. Mientras sea así, seguiremos adelante. 

Recomiéndeme una novela negra. 
 Mi última gran lectura ha sido “Ya no quedan junglas adonde regresar”, de Carlos Augusto Casas, publicada por M.A.R. Editor y Premio Wilkie Collins. Me pareció una obra que recoge la tradición de los maestros de la literatura negra española y, con un estilo moderno, consigue una estupenda puesta al día del género. Aparte de atesorar mucha calidad, la recomiendo convencido porque no podía dejar de leerla.  



DANIEL PÉREZ MORALES
(Madrid, 1974) Escritor por vocación. Cursó Escritura Creativa en la London School of Journalism. Ávido lector de autores de narrativa norteamericana como Cormac McCarthy, Don Winslow o James Ellroy.

En la actualidad compagina su actividad literaria con la de guitarrista en una banda de rock.

Ingeniero Técnico de Telecomunicación por la Escuela Politécnica de Madrid, cursó estudios de postgrado de Tratamiento de imágenes médicas y de Teledetección por satélite en la Universidad Carlos III.

Desde sus inicios en una compañía tecnológica ubicada en Nynäshamn (Suecia), hasta la actualidad, en Madrid, ha desarrollado toda su carrera profesional en el ámbito de las Telecomunicaciones.

Es el autor de Acer nigrum y Sin aire la exitosa saga de Isabelle Lemaire y el agente Noah Page.



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