16 diciembre, 2014

Entrevista a la escritora Ángela Martín del Burgo

Os traemos una entrevista a Ángela Martín del Burgo, autora de una de las novelas de género negro más interesantes de los últimos años "Asesinato en la Gran Vía", (Editorial Cuadernos del Laberinto) en donde se narran las extrañas vivencias de Raimundo, viudo, bibliófilo y rentista, que en su piso de la céntrica calle Alberto Aguilera construye una cámara secreta en honor de Julia, quien ha sido su esposa y a la que profesa un amor más allá de la muerte. Sus extravagantes costumbres le llevarán a frecuentar tanatorios, en un intento por evocar el último momento de Julia. Una tarde conoce a Justina. Raimundo contratará a Justina para que, en la cámara oculta de su piso y ataviada con los trajes de Julia, reviva sus últimos instantes. Julia y Justina, la vida y la muerte, en inconciliable alianza. Pero los acontecimientos se irán complicando, siendo el lector cómplice y voyeur de los mismos.

— En su novela "Asesinato en la Gran Vía" nos muestra al protagonista, Raimundo, un personaje excéntrico, que procesa un amor enfermizo a su esposa, Julia, ya fallecida, que casi podríamos calificar de necrofilia, dada su afición a visitar tanatorios y esa obsesión por recrear los últimos momentos de su vida. ¿De dónde parte esta idea morbosa y cómo fue el proceso de creación y escritura de la novela?
— La novela parte de una motivación íntima, sentimental, y de este núcleo vivencial irradia, como diría Freud en su Psicoanálisis del arte, una sublimación literaria. De esta manera, la vivencia amorosa y el mundo de los sentimientos adquieren un peso en la obra. Psicologismo, del que se ha hablado en alguna reseña, al catalogarla de thriller psicológico, unido a una investigación policial.

Por otra parte, ese amor excesivo, más allá de la muerte, que es el del personaje protagonista del que usted me ha hablado, en disonancia con la actualidad, es un amor que podemos tachar de romántico. En este sentido, la novela "Asesinato en la Gran Vía" vendría a enclavarse en un nuevo romanticismo —se ha dicho que todos los principios de siglos se parecen—, en contraposición con las circunstancias presentes, y cuyo "revival", pienso, sería muy de desear.

Dicho esto, en un espacio físico concreto —y recuerdo que Baroja escribía que, para comenzar a escribir una novela, necesitaba siempre, entre otras cosas, de la visión de un espacio físico—, en un espacio concreto, repito, atravesando el puente del Manzanares, antes de la remodelación, veo surgir en mi imaginación a ese personaje, Raimundo, y yo sigo su caminar, su vida, averiguo dónde vive, de qué otros personajes se rodea, cuáles son sus inquietudes, qué obsesiones le atormentan. Y ello, como decía Henry James, novelista de mi predilección, que había que hacer con la ficción, como si se tratase de una tarea histórica. Y la novela va creciendo y desarrollándose, hasta llegar a las cerca de 350 páginas.

— Usted ya había usado otros géneros literarios, ¿por qué en esta ocasión se decanta por la novela negra?
— He cultivado todos los géneros literarios, a excepción del teatro, aunque gusto mucho del diálogo y hay mucho diálogo en mis novelas, trasunto de la manera de ser y actuar, y de la caracterización de los personajes. Pero desde mi primera novela publicada, "Cenizas sobre un mar de agosto", en el año 2000, hay un guiño y un homenaje a la novela policíaca. Pese al asunto, una relación amorosa entre mujeres, en su acción tiene lugar un suicidio homicidio; en ella interviene ya un policía, el comisario Óscar Gómez; pero, sobre todo, la estructura de la novela, cerrada —se desenvuelve en un flash back—, es propio de la novela policíaca, cuya estructura clásica fue tan homenajeada por Borges. Por lo demás, en ella hay un recuerdo de la novela de Patricia Highsmith, "Carol", que también desarrolla una relación amorosa entre mujeres de una manera policíaca, y de "Entre mujeres solas", del gran narrador italiano Cesare Pavese.

Tengo que decir también que Georges Simenon, a quien considero un gran escritor, ha sido para mí quien me ha abierto las puertas de este género. Sobre él escribí un artículo titulado "Bajo el signo de la revuelta: las novelas de Simenon. El sentido de la literatura".

Mi segunda novela publicada, "Ningún camino de flores conduce a la gloria", pese a toda la literatura implícita en ella, es ya una novela policíaca. Como tal, fue presentada en la librería Estudio en escarlata y está incluida en la página web de Negra y Criminal.

— ¿Es Madrid en "Asesinato en la Gran Vía" uno de los personajes de la novela o situó en esta ciudad la acción por proximidad y conocimiento?
— Considero que Madrid es personaje protagonista de la misma. Hay en la novela un gran poder evocador de esta ciudad. Y, como antes le he dicho, la acción misma de la obra y sus personajes brotaron de un espacio físico muy concreto. De sus calles y de los recorridos que nos brinda surge el misterio de sus páginas. 

— ¿Cómo valora el despliegue en el mercado de la novela negra nórdica cree que es una moda o añaden algo al género?
— Le citaría a Henning Mankell, a quien yo he dedicado un espacio en mi artículo titulado "Dos momentos de la novela policíaca: "Laura" y "Asesinos sin rostro" (De la novela psicológica a un nuevo asesino anónimo y colectivo)". Allí escribía sobre cómo "Asesinos sin rostro", del citado autor sueco, presentaba nuevos crímenes como resultado de los nuevos movimientos sociales de inmigración, de masas de refugiados en demanda de asilo político, en Suecia, su país de origen. Y es que tarea y función social del escritor, como decía el gran poeta Fernando Pessoa, es analizar la realidad social y criticarla.

— Aparte de la novela, cultiva la poesía. Ha publicado los libros de poemas La mirada asombrada, Caducidad de lo real y Poemas de viaje; y ha sido incluida en antologías como Mujeres y café, Enésima Hoja, Atlas poético y en Homenajes publicados por el Ateneo de Sevilla, entre otras. También ha sido traducida al italiano y recibido premios por ello. ¿Qué le aporta la poesía que no tendría la narrativa?
— Escribo, siempre que tengo libre una mañana, la novela que en cada momento tenga entre manos. Pero mi relación con la poesía es distinta. La poesía fue el género que me visitó en primer lugar, siendo niña, y después he seguido cultivando. Ahora escribo poesía cuando literalmente me asalta; y yo le agradezco mucho que me siga visitando y no me haya abandonado. Unos cuantos versos pueden atesorar en sí muchas páginas de una novela.

— ¿Qué es poesía?.
— Los surrealistas decían de ella que era el asalto de fuerzas irracionales que, rendidas, vendrían a posarse delante del hombre.

Bécquer establece una diferencia entre la poesía, que no ha de morir, y el poeta, "invisible / anillo que sujeta / el mundo de la forma /al mundo de la idea"; o vaso de "perfume misterioso", "desconocida esencia".

La poesía es una revelación, una revuelta, por cuyo medio, y a través del lenguaje, se abre una fisura en la realidad y nos descubre la falsedad de la misma.

Antonio Machado la definía como la palabra esencial en el tiempo.

Yo diría aún que la poesía salta sobre el precipicio del tiempo y nos conduce, franqueando lo desconocido, a un más allá atemporal.

¿Cuáles son sus planes literarios? ¿En qué está trabajando?
En una nueva novela policíaca, que, por cierto, llevo bastante avanzada, compaginándola con la poesía, a quien le concedo siempre la atención debida, cuando, como antes he dicho, consigue derribarme, literalmente asaltándome.


Ángela Martín del Burgo
(Morón de la Frontera - Sevilla)
Novelista y poeta, es también doctora en Filología y profesora de Lengua española y literatura. Ha publicado los libros de poemas La mirada asombrada, Caducidad de lo real (Premio Ciudad de Miranda 1996 y Editorial Torremozas) y Poemas de viaje (Editorial Huerga & Fierro, 2011); y ha sido incluida en las antologías Mujeres y café, y en Homenajes publicados por el Ateneo de Sevilla, entre otras.

Ha sido traducida al italiano en la antología bilingüe Poesia e Cultura. Due mondi, due culture (Italia, 2008), por cuyo poema, Bologna. Piazza Maggiore, ha recibido el Diploma Autore dell´Anno 2008. Y en las antologías de poesía contemporánea Poesia e cultura y Parola e vita (Italia, 2010). Premio Literario Internacional Omaggio a Pablo Neruda & Salvatore Quasimodo.
Del mismo modo, ha publicado las novelas Cenizas sobre un mar de agosto (2000) y Ningún camino de flores conduce a la gloria (Editorial Huerga & Fierro, 2005) ; así como el libro de relatos La muerte de Mário de Sá-Carneiro o La soledad y el poeta (Editorial Monteparnaso, 2007).
Colaboradora habitual de la revista literaria Cuaderno Sie7e.
En Cuadernos del Laberinto ha participado en la Antología de poetas contemporáneas ENÉSIMA HOJA y en ATLAS POÉTICO. Viajeras del siglo XXI, y ha publicado la novela de género negro ASESINATO EN LA GRAN VÍA. 


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